Copas de vino
22/06/2015

Copas de vino

“Claras, sencillas y elegantes, las copas de vino cumplen su función soberbiamente” decía alguien a la pasada. Al escucharlo, en contrapunto recordé inmediatamente las copas de vino espumoso conocidas como «coupe», esas con las que difamaban a la reina María Antonieta diciendo que el original fue modelado en su pecho. Cualquiera que haya sido el molde, cuando se utilizan queda claro que el diseño es un horror. El vino espumoso pierde todo su apreciado aroma, dado que, como en la mayoría de los casos, el cuenco no se estrecha en la mitad superior para conservar el bouquet.

Las copas de vino deben cumplir con tres requisitos. En primer lugar, el cuenco debe ser claro, debe permitir al consumidor ver lo que está bebiendo. El caso del pie de la copa es distinto; por ejemplo, los tradicionales pies de copa de vidrio coloreado de Alsacia y del Rhin son buenos para sus respectivos vinos locales, logrando una bella composición, si son utilizados en el marco correcto.

En segundo lugar, las copas deberían ser lo bastante grandes como para contener una ración digna, sin que para ello tengan que llenarse hasta el borde. En tercer lugar, el cuenco debería estrecharse conforme desciende, y no acampanarse. La copa en la que se sirven los expertos en Burdeos está próxima al ideal. Tiene capacidad para 17 cl cuando está llena hasta la mitad, es de tallo largo, abombada, transparente y, sobre todo, cuando se acerca la nariz al borde, se obtiene una vaharada de sus componentes aromáticas. Otra forma clásica es el “Globet” de París, una pieza característica en la cristalería de los restaurantes de todo el mundo, e ideal para el Borgoña y el Clarete.

Las diversas regiones vinícolas ofrecen sus formas y tamaños tradicionales. Un cuarto de litro está reconocido como la medida que conviene al vino alemán (sabido es que tiene menos alcohol que el francés). La vieja copa alemana para el vino del Rhin está dotada de un grueso pie de color marrón que le confiere al vino un reflejo ambarino (lo hace aparentar más añoso).

Entre las copas de vino, es curioso el caso del tradicional “Porrón español de dos caños, diseñado de forma que se pueda beber de él sin tocarlo con los labios. Uno de los caños de salida de vino se destapa y va derecho a la boca, en tanto el otro permanece en el aire. Se cree que cuando los españoles ingeniaron este recipiente para beber, el propósito era el de prescindir del olor y, en la medida de lo posible, del sabor del vino, dado que se encontraba en una odres de cuero de cabra.

Así es que no es lo mismo cualquier copa, hay que preocuparse en dar con la adecuada. En cuanto a la limpieza, se sugiere no usar jabones o detergentes perfumados para lavarlas, evitando la contaminación aromática de las mismas. Es mejor usar agua caliente o detergentes sin olor. Además, se recomienda usar agua muy caliente y dejar secar al aire el vidrio para luego limpiar con un paño que no suelte pelusa y elimine cualquier residuo.

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